Entre bandas de pecho, ópticas de muñeca y anillos, hay más opciones que nunca para medir tu frecuencia cardíaca durante el entrenamiento. Estos son los puntos que realmente importan a la hora de elegir, sin vueltas.

Pecho vs muñeca: la precisión gana

Las bandas de pecho miden la señal eléctrica del corazón directamente, igual que un electrocardiograma — son el estándar de precisión que usan los laboratorios deportivos. Los sensores ópticos de muñeca (los que traen la mayoría de los smartwatches) estiman el pulso a través de la piel con luz, y son cómodos, pero pierden precisión en esfuerzos intensos o intervalos cortos, justo cuando más importa el dato exacto. Si entrenás por zonas o hacés HIIT, una banda de pecho es la opción más confiable.

Conectividad: fijate qué necesitás conectar

Revisá si el sensor transmite por Bluetooth, ANT+, o ambos (ver nuestra nota sobre Bluetooth vs ANT+). Si vas a usarlo con distintos dispositivos — el celular un día, un reloj deportivo otro — un sensor dual te ahorra el dolor de cabeza de la incompatibilidad.

Batería y resistencia al agua

Las bandas de pecho suelen usar una pila de botón (tipo CR2032) que dura varios meses de uso normal, mucho más que la batería recargable de un smartwatch. Fijate también el nivel de resistencia al agua (IP) si entrenás con lluvia o transpirás mucho — un IP67 o superior te cubre tranquilo.

Compatibilidad con tu app

Un sensor sirve tanto como la app con la que lo usás. Confirmá que sea compatible con Strava, Garmin Connect, o la app que ya usás — la mayoría de los sensores Bluetooth/ANT+ estándar funcionan con cualquiera de ellas, pero vale la pena chequearlo antes de comprar.

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